“La sociedad
del espectáculo nos arrastra a todos, y en las aguas
turbulentas de ese río que nos lleva –arrebatados
por la corriente o el viento de la historia, como
el ángel de Paul Klee bajo la mira de Walter Benjamín-
quizá sólo podamos aspirar a mantener los ojos bien
abiertos”. Luis Fernández-Galiano
I. Sobre lo habitar
No hay fragmento del discurso
arquitectónico que no contenga una definición de habitar,
no hay proyecto arquitectónico que no introduzca una
definición de habitar, no hay pensamiento sobre la
ciudad que, a su vez, no sea un pensamiento sobre
el habitar. Tratándose de una reflexión sobre la arquitectura
y lo urbano, y suponiendo que aún sea posible distinguir
entre ambas dimensiones, comencemos por esa definición
de la que no es posible ni deseable escapar. ¿Qué
es habitar? ¿Qué significa proyectar en clave de habitar?
En principio, no son preguntas sencillas. Entre otras
razones porque estas interrogaciones forman parte
de una tradición de pensamiento, arquitectónico y
no arquitectónico. Por otra parte, tampoco estamos
ante un asunto simple de encarar porque habitar nombra
un conjunto de conceptos, problemas y perspectivas.
En arquitectura, por ejemplo, proyectar es pensar
el habitar. Es decir, proyectar es una manera de pensar.
Por eso mismo, meterse con el habitar es equivalente
a meterse con categorías fetiches tales como: inconsciente,
clases sociales o Estado. Claro está que no buscamos
rastrear los debates y polémicas actuales acerca del
habitar. Más bien, pretendemos exponer una definición
y pensar su relación con la idea de proyecto. Asimismo,
como proyectar implica producir espacios habitables,
no hay modo de pensar un término sin el otro. Por
lo menos, en el terreno de lo arquitectónico. [Artículo
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